sábado, 28 de febrero de 2015

LA RESTAURACIÓN DE LAS TRADICIONES FUNDACIONALES EN LA ESPAÑA DEL SIGLO DE ORO

Foto de Manolo Fernández.
Lupercio Leonardo de Argensola

LA REFUNDACIÓN DE NUESTRAS IDENTIDADES LOCALES EN LOS SIGLOS XVI Y XVII


Manuel Fernández Espinosa
 
 
Muy pocos son los estudios que se han dedicado a la reconstrucción del discurso identitario de nuestras localidades, antiguos reinos (actuales provincias) y, en definitiva, a la comprensión global de lo que, como españoles en general, somos. Este es uno de los quehaceres que, sin que falte documentación, quedan por hacer; y mucho ganaríamos si lo hiciéramos, pues superando la ramplonería mental de nuestros días, estaríamos en vías de comprender lo que es España y nuestros compatriotas superarían esos lugares comunes que disparatadamente hablan de España como si hubiera nacido en 1812 (con la Constitución de Cádiz) o en 1978 (con la Constitución actualmente vigente), prescindiendo de enfoques parciales y errados.
 
En la formación de estas identidades desempeñan un papel crucial los humanistas españoles de los siglos XVI y XVII, también los del XVIII. A modo de ejercicio práctico, vamos a reconstruir uno de esos casos locales en los que podremos percatarnos de lo que decimos.
 
Hemos hablado de San Eufrasio de Iliturgi. Ya dijimos en su momento que la antigua Iliturgi no corresponde a Andújar (Jaén), como creyeron aquellos hombres del XVII y hasta hoy mismo creen algunos. Pero, al margen de ese error de localización, penetremos ahora en los sucesos que sirvieron para formar la identidad de Andújar.
 
El año 1571, el andujareño D. Juan del Caño, a la sazón canónigo y catedrático de Escritura de León (más tarde lo sería en Santiago de Compostela y Salamanca), se interesó por la devoción que los leoneses mostraban a San Eufrasio Obispo, yendo en peregrinación los leoneses y otras gentes de los contornos a Valdemao (en el reino de Galicia) cada 15 de mayo. Interesado por aquel particular, revolvió libros y descubrió que San Eufrasio no era otro que uno de los siete varones apostólicos, que había sido Obispo de Iliturgi, en el Reino de Jaén. En la creencia de que Iliturgi era Andújar, el pueblo de D. Juan del Caño, éste -tras apuntalar los argumentos- envía una carta al Cabildo Eclesiástico y otra al Cabildo Seglar de la ciudad de Andújar, informándoles de que ha localizado la tumba de San Eufrasio; pues aunque San Eufrasio había sido enterrado en el martyrium sobre el cual edificó Sisebuto la basílica martirial, sin embargo -en tiempos de la invasión islámica- los cristícolas autóctonos habían transportado el santo cuerpo a Galicia, para ponerlo a salvo de cualquier eventual profanación a manos de los muslimes. Nos lo cuenta, mejor que nadie, el poeta aragonés Lupercio Leonardo de Argensola, en sus tercetos dedicados "En las fiestas que la ciudad de Andújar hizo cuando le fueron restituidas las reliquias de San Eufrasio":
 
"Las reliquias sagradas, las ofrendas
de los templos los fieles escondían,
dejando al moro en cambio sus haciendas.
 
A los ásperos montes subían,
y pudieran moverlos, según era
la fe con que su amparo les pedían.
 
Galicia te ganó desta manera,
Andújar, de tu Eufrasio el cuerpo santo,
y hoy devota le guarda y le venera."
 
 
En las cartas que cursó a los cabildos andujareños, D. Juan del Caño les invitaba a erigir a San Eufrasio como Patrón de Andújar. Y así lo hicieron las autoridades eclesiásticas y municipales.
 
Cinco años más tarde: el día de San Lucas del año 1576, se cantó la primera misa en un templo que la ciudad de Andújar dedicó a San Eufrasio. Predicó el mismo D. Juan del Caño y se fundaba la Cofradía: las gentes empezaron a bautizar a sus hijos con el nombre de Eufrasio. Eran los primeros pasos
 
En un segundo momento sería el también andujareño D. Francisco Terrones, predicador de Felipe II, el que -en conversación con Fray Pedro Barba, abad de San Benito el Real de Valladolid y General de los benedictinos- tuvo la ocurrencia de solicitar una santa reliquia de San Eufrasio, para llevarla a Andújar. Realizadas las diligencias protocolarias, logrado el permiso de Felipe II y de las autoridades eclesiásticas, se obtuvo la gracia de aquella reliquia y, de ese modo, el 11 de mayo de 1597, Andújar recibía la reliquia de San Eufrasio en un ambiente de multitudinario júbilo y religioso orgullo.
 
La literatura homilética y la poesía sirvieron para dar a conocer y concienciar a los andujareños de todos los estamentos sociales, de un hecho que había pasado desapercibido durante siglos y siglos, desde que los restos mortales de San Eufrasio habían sido evacuados del territorio español ocupado por los mahometanos. Poetas de toda España se aplicaron a ensalzar las fiestas locales que se hicieron por la restitución de la sagrada reliquia, además de Lupercio, su hermano Bartolomé Leonardo de Argensola también puso su musa al servicio de este acontecimiento.
 
Al margen del equívoco toponímico que confundía Iliturgi con Andújar, lo cual no nos parece decisivo para lo que queremos mostrar, lo interesante en este caso de San Eufrasio y Andújar es comprender que, con hallazgos de noticias de mártires de los primeros siglos cristianos, los pueblos de España fueron recobrando una tradición fundacional que servía para cohesionar la comunidad de vecinos y feligreses alrededor de un santo que prestigiaba la cristiandad local. El caso de Andújar nos pone de relieve que las elites humanistas contrarreformistas españolas hicieron un gran servicio a la consolidación de las identidades locales, investigando la historia local y divulgando entre las gentes el conocimiento que habían alcanzado. 
 
El caso de Andújar no es el único, podríamos citar muchos otros: como el caso del descubrimiento de las reliquias de los mártires Santos Bonoso y Maximiano, con las de muchos otros mártires, en Arjona en 1628. Y esto no era, como afirman algunos, una cuestión que exclusivamente ocurriera en los pueblos de las Andalucías, por existir -dicen ellos- en Andalucía por aquellas fechas un desapego y tibieza religiosas muy generalizados. En Aragón y en otras partes de España sucedió algo parecido a lo que hemos contado del caso de Andújar, aunque en cada lugar se hiciera en las condiciones que imponía la situación.
 
De lo que se trataba, en último término, era de reconquistar y restaurar España espiritualmente (al igual que se había reconquistado por las armas en los siglos de guerra divinal.) Era la construcción de nuestras identidades locales, sobre el basamento fundacional de las primeras cristiandades hispánicas en la Península Ibérica. 
 
"Pero baste, oh canción, que Eufrasio agora
otros himnos escucha; tú conmigo,
con la devota multitud, te humilla,
y de lejos la santa prenda adora;
que vuelve a su sepulcro y a su silla,
y lo visita con semblante amigo,
de la misma manera
que fénix renacida,
si vuelve a ver la consumida hoguera
que con fecunda muerte le dio vida."
 
Bartolomé Leonardo de Argensola, "En la restitución de una reliquia a la ciudad de Andújar"
 

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